martes 1 de diciembre de 2009

La clave Gaudí

Un paseo por Barcelona a través de las obras de Gaudí.

MARTÍN, Esteban. CARRANZA, Andreu. La Clave Gaudí, Editorial DeBOLS!LLO, Barcelona 2008

Fue inevitable pasar delante de este libro y que no me llamase la atención su nombre y su portada. Como arquitecto, debo decir que cuando leo el nombre de Gaudí siempre se despierta en mí un cierto interés y curiosidad, ya no sólo por la relevancia de este gran arquitecto, sino más por las formas de sus edificios y por ser una figura tan cercana pero tan poco tratada en las escuelas.

Tras la lectura de la sinopsis, observé que el argumento de la novela iba a girar en torno a una fábula sobre órdenes religiosas y enigmas a resolver a través de las obras del genio de Reus, un estilo de novela muy de moda en los últimos años al más puro estilo El Código Da Vinci. Y así ha sido.

Sin entrar a valorar su calidad literaria (escasa a mi parecer) y credibilidad de los hechos (poco logrado, aunque casi mejor que así haya sido), sí quiero destacar que consigue entretener al lector. Más bien creo que el interés suscitado proviene del emplazamiento de la trama, Barcelona, y de la figura entorno a la que gira el misterio, Antoni Gaudí.

Lo mejor de la novela es sin duda el poder conocer todos los edificios que este arquitecto construyo en la ciudad condal, haciendo caso a las descripciones generales y pasando por alto los detalles manipulados con tal de crear un hilo conductor. Los capítulos 24 y 27 son los que más profundizan en las explicaciones y descripciones de los edificios de Gaudí, sus influencias, sus ambiciones y su idea de arquitectura orgánica a través de la geometría fractal.

Puede tratarse de una amena lectura para el que conozca la ciudad y le apetezca recordarla mentalmente, o para el que la vaya a visitar, y poder así ser más exhaustivo en la percepción de estos edificios.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Matosinhos / Leça da Palmeira. Oporto

Momentos junto al Atlántico

CASA DE CHÁ/RESTAURANTE BOA NOVA
Tras abandonar el aeropuerto y de camino hacia Oporto, decidimos antes de entrar en la ciudad tomar el desvío hacia Matosinhos para poder ver el Océano Atlántico y empezar también a tachar nombres del listado de “cosas que ver”. Fue una visita que añadimos a última hora al concretar que tendríamos vehículo con el que desplazarnos (buena idea ésta, sobretodo porque los precios de alquiler de coches son muy asequibles), pero sin duda se alzó con la posición número uno en el ranking de momentos inolvidables del viaje.
Divisar la inmensidad del mar junto a las pequeñas playas de arena y grandes explanadas rocosas, vislumbrar el faro al final del paseo, alcanzarlo y detrás de él, junto a un terraplén rodeado por rocas y una ermita, ver dos muros blancos junto a una cubierta de tejas disimulada entre el paisaje: la casa del té y restaurante Boa Nova.








Una vez despojados del coche, nos atrevemos a andar hasta el acceso principal de esta obra maestra de Álvaro Siza, a través de las pequeñas terrazas que se generan en los giros de las escaleras, una perfecta promenade architecturale o más bien paisajista puesto que el edificio todavía se esconde. Resguardados ya al fin por el alero de entrada, observamos tras nosotros la vista hacia las playas y rocas, sirviendo la inclinación de la cubierta para ocultar las edificaciones. Abrimos la puerta y encontramos al fondo, después de las escaleras, dos maravillosos cuadros que enmarcan el mismo océano. A la izquierda, la sala de té que bien se presta también para un aperitivo, y a la derecha, el comedor.
El encargo del restaurante fue cedido por el arquitecto y mentor Fernando Tavora al joven Siza hacia el año 1963. Pese a ser una de sus primeras obras, nunca ha dejado de ser una de las mejores, totalmente atemporal, como si de una construcción contemporánea se tratase.
El día fue un acierto, aunque puedo garantizar que no se debe estar nada mal sentado bajo sus techos en un día de lluvia o al atardecer con la puesta del sol.
La comida un placer para los sentidos. Los platos son generosos, muy generosos mejor dicho. Una ración realmente es para dos, y se puede compartir perfectamente puesto que te sirven junto a una mesa supletoria donde se apoyan las fuentes con la comida y guarniciones. Nunca te faltará bebida en la copa, el mínimo esfuerzo para poder así degustar mejor los platos y disfrutar de las vistas. La especialidad, todo tipo de bacalao (asado, con verduras, al estilo Boa Nova que consiste en cubrir el bacalao con una ligera capa de mahonesa). Acompañado con un buen vino verde de la zona, con café y algo dulce, no te tocará pagar más de 30 euros por persona. Un verdadero lujo.








Después de comer, vale la pena rodear la pequeña ermita colindante y subir hasta lo alto de la roca para contemplar todo el frente marítimo de Leça de Palmeira y Matoshinos. Destaca también la intervención que el mismo Siza realiza más hacia el sur y por la misma época, que consiste en unas piscinas enclavadas entre las rocas junto al mar, una manera de intervenir en el paisaje para adecuarlo a la escala humana sin apenas intervenir en él y no agredirlo. Este paisaje es en el que se crió el propio arquitecto, y en ambos proyectos prima la idea de potenciarlo y de interactuar con él para el disfrute del visitante. Destacar entre otros el detalle de las ventanas del restaurante que se deslizan en sentido vertical descendente para abrirse, de manera que tenemos una visión continua del techo que se funde con el horizonte para que el paisaje se convierta en el material de cerramiento del edificio. El cuidado en la elección y diseño del mobiliario consigue envolvernos en un espacio unitario y coherente, que nos hace sentir confortables cuando lo habitamos. A media tarde cogemos de nuevo el coche para seguir bordeando la costa y llegar hasta la desembocadura del Duero. Rio adentro empezamos a divisar los puentes que comunican ambas orillas. Después de la puesta del sol, ya nos atrevemos a entrar a la ciudad. Como si de unos navegantes del siglo XV se tratase, hemos conquistado Oporto, a través del mar.

Casa de Chá / Restaurante Boa Nova
Leça da Palmeira, Portugal
(+351) 22 9951785





lunes 31 de agosto de 2009

De visita nocturna por Peñíscola

Continúo evadiéndome cuando me escapo una noche de verano y paseo por el casco antiguo de Peníscola, a pesar de tenerla tan cerca y de haberla explorado tantas veces, me produce la sensación de estar a miles de kilómetros de distancia. Supongo que el ingrediente principal en esta mezcla de evocaciones es su castillo, en la parte más alta del peñón, obra románica construida sobre la antigua alcazaba árabe por los templarios y reformada posteriormente por Benedicto XIII para convertirla en palacio papal. No en vano, el “Castillo del Papa Luna” constituye una de las tres únicas sedes pontificias de la historia, junto con el Vaticano y el Palacio de los Papas de Aviñón. La Orden de Montesa cedió a Benedicto XIII, el Papa Luna, la fortaleza en 1411. El castillo de Peñíscola sufrió las modificaciones posteriores de Felipe II para adecuarlo a las necesidades militares. Sus numerosos manantiales, que brotan en el peñón, desde el de Font de Dins al de la Font de Sant Pere y el conjunto amurallado, construido en distintas épocas, desde el desconocido trazado de la fortificación medieval con el Portal de Sant Pere, que mandara construir el Papa Luna en el siglo XV, pasando por la muralla renacentista proyectada por J.B. Antonelli y el Portal Fosc, hasta las intervenciones del siglo XVIII que le confirieran su configuración actual y conllevaran la apertura de la tercera puerta de la ciudad, la de Santa María, hacen de este conjunto, declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931, algo digno de conocer.
Peníscola celebra sus fiestas patronales en septiembre en honor a la Virgen de la Ermitana (este año del 7 al 20) con sus tradicionales danzas: las de llauradores, dansants, gitanetes, peregrines y cavallets, sus desfiles de moros y cristianos o su típico NO PASARÁN de los encierros de vaquillas, festivales como el de Música Antigua y Barroca en agosto en el Patio de Armas del castillo, o su castillo piromusical.
Una noche de verano, para cenar o tomar una copa por este estupendo laberinto de calles empinadas de piedra nos lleva a hablar de aquellos lugares que para mí no hay que perderse. Si nos referimos a tapear por el castillo, dos sugerencias, La Sepia Boba en la calle de La Paz, número 6, excelentes torradas, huevos rotos con jamón… todo a precios razonables o las tapas de siempre en el ambiente rústico de la casa con altillo que alberga Ca Manolo, en el número 9 de la calle Mayor, otra parada obligatoria.

Si lo que queremos es ir de copas, la coctelería de toda la vida se reinventa para dar paso al café-lounge. Imprescindible pasarse por el Agua Clara en San Vicente, 30 y tirarse relajadamente a charlar un rato sobre los cojines que se reparten en los peldaños que forman sus callejuelas adyacentes, farolillos con luz de velas, enredaderas, la propia cal de las paredes de las casas típicas hacen el resto. Ya a pie de castillo se sitúa Entre Dos Aguas (http://www.entredosaguas.com/) un auténtico mirador al mar, ambiente chill-out y la visión de toda la bahía de Peñíscola iluminada de noche. Están en Porteta, 5 bajos.
También es recomendable pasarse por la Plaza Santa María, rodeada de murallas y donde también se dan lugar actividades culturales, como el Festival de Jazz. El túnel natural en la roca que constituye el Bufador y por el cual las aguas del mar entran y salen emitiendo "bufidos" es el escenario intimista de Salabre, otro básico, en Bajada del Bufador, 11.


Fuera del casco antiguo pero en pleno paseo no hay que saltarse el Mandarina (http://www.mandarinaclub.net/) desde donde puedes optar por una fantástica perspectiva exterior del castillo, su terraza chill-out te sirve de marco de excepción, su restaurante o la propia terraza para un snack más ligero dos buenas elecciones, o simplemente sus copas. Este local acoge presentaciones, desfiles, actuaciones u otras cosas variopintas como próxima concentración de vespas. A medida que avanza la noche el local se transforma para que puedas disfrutar de la música de los d-js y un autentico ambiente de pub. Sin duda, un must.

Enlaces de interés
http://www.peniscola.es/

miércoles 24 de junio de 2009

Barrio de Ruzafa. Valencia

Escapada nocturna por el barrio de Ruzafa. Valencia

Hace tiempo que teníamos ganas de hacer una entrada sobre los locales de ocio y restaurantes de Ruzafa. Es un barrio que por su localización y cualidades urbanísticas, posee un gran potencial que en estos últimos años está empezando a resurgir y aparecer en las primeras páginas de las guías de tendencias.
Atrás quedan los prejuicios de que se trata de un barrio deprimido, el mercado de las drogas y las putas como todo barrio colindante a la estación de trenes. Existir existen algunos de estos problemas aún, pero se encuentran totalmente aislados, pero la inyección en forma de inversiones, en su gran mayoría privadas, que apostaban por este barrio, han empezado a surgir efecto y ya no sorprende encontrar durante un paseo edificios totalmente rehabilitados y locales de diseño.

Nuestros acompañantes para esa noche nos habían citado en la puerta del restaurante Maridaje sito en la Calle Sevilla número 27. La verdad es que de la frase: “nos vemos en la puerta” cuando hablamos de un restaurante o bar, es un poco libre de interpretación, quien dice en la puerta dice en la barra apoyado tomando una primera copa, en esta ocasión muy bien atendidos por su amable propietario y sumiller Javi Pastor.
La siguiente copa ya fue en la mesa. Haciendo honor al nombre del restaurante, para el vino, nos dejamos rendidos a los brazos de Javi, que nos iba a ir sirviendo la bebida acorde a los platos que habíamos elegido (lo que en sí significa maridaje: la manera cómo combinar la comida con el vino para poder exaltar el placer de comer). La comida exquisita, una selección de tapas típicas y reinterpretadas con productos de la Vall d’Albaida y la Costera. Totalmente imprescindibles, los bombones de queso de cabra con dulce de chocolate.
El diseño del local a base de líneas simples y limpias, colores blancos y decoración minimalista, rodeado de un ambiente de tranquilidad, obligan a centrar nuestra atención a lo que sucede en nuestra mesa, sin distracción, apenas para contemplar la amplia enoteca con condiciones climáticas propias que observamos al fondo del local separada por un cristal, donde predominan los vinos valencianos. No en vano, el local es restaurante, tienda de vinos y además organizas cursos de cata también.

Después de una cena de este tipo, lo que más apetece es poder ir a tomar una copa y poder terminar las conversaciones empezadas. Pero es miércoles, pasadas las 12 de la noche, por lo que necesitamos la ayuda de alguien que conozca cuál es el  place to be bajo esos condicionantes.

JAZZ-BAR CHASTON. VALENCIA
Con los vagos recuerdos que revoloteaban en la cabeza de Jose sobre yo recuerdo un lugar, y bajo las atentas indicaciones de un camarero que estaba recogiendo las mesas de su terraza, nos dirigimos hacia la calle Sueca 63, donde se encuentra el Chaston, un espacio con mucha solera dentro de la capital del Turia, pero desconocido tal vez por los más jóvenes del lugar.
Cuidadosamente rediseñado, nos adentramos en un local con estilo, donde predomina el color rojo de sus paredes en las que cuelgan los cuadros de una exposición temporal. Un único espacio pero con zonas claramente separadas por la distribución del mobiliario de líneas muy modernas y con distintos tipos de agrupaciones de mesas y sillas distintos para adaptarse a las exigencias del estado anímico de sus clientes.
En este ambiente, donde habitualmente sonará el mejor jazz, podrás disfrutar de una copa debidamente servida con variedades poco comerciales y de distintos enclaves geográficos de todo tipo de alcoholes: ginebras, whiskies,…


jueves 18 de junio de 2009

Santuario de la Virgen de Balma. Zorita


HOSPEDERÍA DEL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE BALMA. ZORITA.


A escasos veinte kilómetros de Morella, apartados del movimiento turístico que envuelve a la capital de Els Ports, encontramos esta pequeña localidad conocida por su Santuario que aparece enclavado en la ladera de la montaña, aprovechando como pared interior y techo la propia roca.
Desde la lejanía ya sorprende la torre del campanario empotrada en la misma roca, y al acercarnos, podemos distinguir lo que es el santuario, de la gruta que nos conduce a él y la hospedería que actúa de acceso y recepción al recinto.Actualmente se está restaurando la parte de la hospedería, de estilo renacentista construida entre los siglos XVI y XVIII, y que en breve se inaugurará. El proyecto de rehabilitación lo firman los arquitectos Miguel del Rey y Carlos Campos. La intervención consiste en una adaptación de las antiguas dependencias para los usos de restaurante y hotel, además de la adecuación de los pasos que conducen hasta la gruta que lleva al Santuario. Tras la hospedería, se accede a la amplia gruta que bordea el precipicio y condice a la entrada a la ermita.
El proyecto respeta los volúmenes existentes y juega con la presencia de la roca, su textura y frescura, en todas las estancias en donde aparece, aprovechándola como pared, suelo o como techo. Se trata de una intervención muy gratificante, porque el lugar ya te aporta la mayoría de ventajas del proyecto. Lo magnífico es como con la actuación se potencian estos condicionantes y se adaptan a las nuevas necesidades de la sociedad actual.

RESTAURANTE CARLOS VII. MORELLA.

Un plato típico de la zona del maestrazgo es la carne a la piedra. En el restaurante Carlos VII, podréis disfrutar de una agradable comida en un entorno completamente natural. Su sala, una antigua iglesia carlista en honor a Santa Bárbara, restaurada en 2007, permitirá a los comensales disfrutar de sus platos en un espacio atípico. En la iglesia se observan las cruces carlistas en homenaje a este pretendiente al trono de España, que se autonombró Carlos VII (1868-1909), el cuál entregó la dirección militar del carlismo a Ramón Cabrera, conocido como el Tigre del Maestrazgo, aunque sólo por unos meses por discrepancias entre ambos. Parece ser, que en estas tierras aún existen nostálgicos, y tal vez esas paredes escondan tras de sí inagotables historias esperando a ser contadas.
Respecto al tema gastronómico, es totalmente aconsejable el menú que aparece en la carta, donde por veinte euros podrás disfrutar de ensalada, primer y segundo plato, bebida, postre, café y algún licor. De plato principal, a elegir entre carne a la brasa, o a la piedra. Si la eliges a la piedra, tú mismo podrás controlar el punto al que la quieres, ya que te la servirán en la mesa sobre un plato de barro cocido caliente que es donde se va cocinando.
Junto a la iglesia (restaurante) se encuentra la masía que actualmente también está acondicionada como hotel.
Restaurante Carlos VII y Hotel Masía Torreta Colomer. Ctra. N-232 Vinaròs-Morella km. 56, Morella (Castellón)
tel. 964 763 485
www.torretacolomer.com

jueves 21 de mayo de 2009

Londres y el Covent Garden


No sé si es por ese entorno que respira al Pygmalion de Georges Bernard Shaw, quien en su introducción hiciera pasear por el mercado a la vendedora de flores Elisa Doolittle, posteriormente My Fair Lady en el musical de Jay Lerner, pero lo cierto es que el Covent Garden te sumerge en algo distinto con sólo pisar sus calles. El arte, que impregna el ambiente, hace el resto, de la mano de actores, equilibristas, cantantes de ópera o tenderos que venden manualidades. De hecho, este lugar de Londres es la única zona en la que se permite el teatro de calle, los candidatos se someten a las pruebas de las autoridades del mercado y se ajustan a sus horarios de actuación. El antiguo mercado de flores, frutas y verduras original, nacido del "convent garden" o jardín del convento de los monjes y que abasteciera de alimentos a la ciudad en su tiempo, se encuentra ubicado hoy en Nine Elms. Tras la disolución de los monasterios por Enrique VIII, se dio paso al posterior proyecto de Inigo Jones en el siglo XVIII y su Piazza central de arcadas, el cual ha dejado paso, desde la reapertura de su edificio principal en 1980, a un espacio de ocio que no permite desviar tu atención. El barrio se encuentra al este de la zona de Londres llamada Ciudad de Westminster y al suroeste del distrito de Candem y da acceso a la Royal Opera House, el teatro real de la ópera, que comúnmente recibe el nombre de Covent Garden por su ubicación en este lugar. El antiguo Teatro Real resurgió de sus cenizas en dos ocasiones tras dos incendios, con la denominación actual en 1892 y reabrió sus puertas tras los no menos duros períodos de las Guerras Mundiales en 1946, creando su propia compañía residente, que estrenaría con Carmen de Bizet.
A destacar, en este paseo, tanto el Apple Market, en la plaza interior, con sus manualidades, entre las que encontrarás cosas tan curiosas como joyeros de punto en forma de pastelitos o postales de felicitación con miniaturas al detalle de casitas de muñecas, como su más concurrido Jubilee Hall, con el mercado que lleva el mismo nombre, donde hallarás figuras de artesanía, puestos de pajaritas, láminas o los souvenires más curiosos de Londres. El Jubilee Market cambia de actividad según los días de la semana en que se emplaza.

Para los amantes del tipo de compras habitual, los alrededores del mercado, en concreto las calles de Long Acre y Neal Street, cuentan en su oferta con las principales marcas.

A la hora de comer, pásate por el Côte del 17-21 de Tavistock Street, un restaurante al estilo bistrot francés, donde podrás disfrutar al igual de un salmón o de una carne a la brasa, sin olvidar sus exquisitas pastas o ensaladas. Curioso es que en Londres hoy en día te puedas tomar de aperitivo unas aceitunas aliñadas estupendas, maceradas con aceite de oliva, ajo, hierbas y tomates secos. Un consejo: sáltate el postre, porque de vuelta al Covent para emprender la tarde, debes hacer una parada en una de las tiendas de la marca de chocolate belga Godiva, en concreto, la del 17 de Russell Street y disfrutar de su hand-dipped fruit, como unas fresas bañadas en chocolate blanco.

Enlaces de interés:
http://www.coventgardenlondonuk.com/
http://www.roh.org.uk/
http://www.cote-restaurants.co.uk/

martes 14 de abril de 2009

Toledo. Arquitectura contemporánea


ESCALERAS DE LA GRANJA (2000).



Las necesidades de accesibilidad y aparcamiento al centro histórico hacen necesaria la ejecución de un aparcamiento para 400 plazas junto a la puerta de Bisagra (principal punto de acceso al casco histórico). El Ayuntamiento creo yo que poco esperaba encontrar una solución tan integrada en el paisaje como la planteada por los arquitectos Juan Antonio Martínez Lapeña (Tarragona 1941) y Elías Torres (Ibiza 1944), y que ha recibido una gran acogida por la crítica y el público en general. No en balde, ha recibido ya numerosos premios y reconocimientos desde su creación, referentes a la integración de forma armónica de una solución tecnológica en un entorno monumental.
Las escaleras mecánicas se incrustan en la ladera del Rodadero, a modo de rasgadura o herida leve sobre el terreno, zigzagueante, como una cicatriz que con el tiempo empieza a curar con los pliegues del terreno que sobre ella la empiezan a disimular y cubrir con su vegetación.
La escalera se adapta al lugar hasta el punto de adentrarse en el terreno para pasar por debajo de la cimentación de la muralla medieval y tener así que invadirla.
Desde la lejanía, en la noche, la intervención se percibe como un relámpago que penetra hasta la roca, un efecto mágico que transforma la visión efímera del rayo en u elemento físico del proyecto, muy fácil de asimilar y mantener en la mente del visitante.
El hormigón es el material utilizado, con un tono ocre como la típica arquitectura toledana, y con un acabado de tablilla.

Los seis tramos de escaleras cubren un desnivel de 36 metros hasta llegar al Palacio de la Diputación. La visión de estos seis tramos de forma continua, hubiese provocado en el usuario una sensación de vértigo y monotonía, que se evita al disponer todos los tramos de manera interrumpida y girados uno respecto al siguiente.
Por la noche las escaleras permanecen cerradas, y el acceso es gratuito.
Sin duda, se hace totalmente recomendable sacar media hora de tu viaje a Toledo para poder hacer esta visita. Una gran oportunidad para poder recorrer una construcción de manera pasiva, simplemente dejándote llevar por las escaleras y disfrutando del paisaje, de la arquitectura, del paisaje otra vez… Y vale la pena hacer los dos recorridos, el de bajada y el de subida.


Otras visitas aconsejadas:
- Archivo Municipal de Toledo, en Plaza del Salvador (centro histórico) (1999), de Ignacio Mendaro.
- Casa, en la Plaza del Mirador de Barrio Nuevo (centro histórico) (2005), de Manuel de las Casas.
- Archivo de Castilla la Mancha, en calle Valdemarías s/n (polígono residencial) (2005), de Guillermo Vázquez Consuegra.
- Edificio para Telefónica Móviles, en calle Valdemarías s/n (polígono residencial) (2005), de Felip Pich-Aguilera y Teresa Batlle.