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lunes, 31 de agosto de 2009

De visita nocturna por Peñíscola

Continúo evadiéndome cuando me escapo una noche de verano y paseo por el casco antiguo de Peníscola, a pesar de tenerla tan cerca y de haberla explorado tantas veces, me produce la sensación de estar a miles de kilómetros de distancia. Supongo que el ingrediente principal en esta mezcla de evocaciones es su castillo, en la parte más alta del peñón, obra románica construida sobre la antigua alcazaba árabe por los templarios y reformada posteriormente por Benedicto XIII para convertirla en palacio papal. No en vano, el “Castillo del Papa Luna” constituye una de las tres únicas sedes pontificias de la historia, junto con el Vaticano y el Palacio de los Papas de Aviñón. La Orden de Montesa cedió a Benedicto XIII, el Papa Luna, la fortaleza en 1411. El castillo de Peñíscola sufrió las modificaciones posteriores de Felipe II para adecuarlo a las necesidades militares. Sus numerosos manantiales, que brotan en el peñón, desde el de Font de Dins al de la Font de Sant Pere y el conjunto amurallado, construido en distintas épocas, desde el desconocido trazado de la fortificación medieval con el Portal de Sant Pere, que mandara construir el Papa Luna en el siglo XV, pasando por la muralla renacentista proyectada por J.B. Antonelli y el Portal Fosc, hasta las intervenciones del siglo XVIII que le confirieran su configuración actual y conllevaran la apertura de la tercera puerta de la ciudad, la de Santa María, hacen de este conjunto, declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931, algo digno de conocer.
Peníscola celebra sus fiestas patronales en septiembre en honor a la Virgen de la Ermitana (este año del 7 al 20) con sus tradicionales danzas: las de llauradores, dansants, gitanetes, peregrines y cavallets, sus desfiles de moros y cristianos o su típico NO PASARÁN de los encierros de vaquillas, festivales como el de Música Antigua y Barroca en agosto en el Patio de Armas del castillo, o su castillo piromusical.
Una noche de verano, para cenar o tomar una copa por este estupendo laberinto de calles empinadas de piedra nos lleva a hablar de aquellos lugares que para mí no hay que perderse. Si nos referimos a tapear por el castillo, dos sugerencias, La Sepia Boba en la calle de La Paz, número 6, excelentes torradas, huevos rotos con jamón… todo a precios razonables o las tapas de siempre en el ambiente rústico de la casa con altillo que alberga Ca Manolo, en el número 9 de la calle Mayor, otra parada obligatoria.

Si lo que queremos es ir de copas, la coctelería de toda la vida se reinventa para dar paso al café-lounge. Imprescindible pasarse por el Agua Clara en San Vicente, 30 y tirarse relajadamente a charlar un rato sobre los cojines que se reparten en los peldaños que forman sus callejuelas adyacentes, farolillos con luz de velas, enredaderas, la propia cal de las paredes de las casas típicas hacen el resto. Ya a pie de castillo se sitúa Entre Dos Aguas (http://www.entredosaguas.com/) un auténtico mirador al mar, ambiente chill-out y la visión de toda la bahía de Peñíscola iluminada de noche. Están en Porteta, 5 bajos.
También es recomendable pasarse por la Plaza Santa María, rodeada de murallas y donde también se dan lugar actividades culturales, como el Festival de Jazz. El túnel natural en la roca que constituye el Bufador y por el cual las aguas del mar entran y salen emitiendo "bufidos" es el escenario intimista de Salabre, otro básico, en Bajada del Bufador, 11.


Fuera del casco antiguo pero en pleno paseo no hay que saltarse el Mandarina (http://www.mandarinaclub.net/) desde donde puedes optar por una fantástica perspectiva exterior del castillo, su terraza chill-out te sirve de marco de excepción, su restaurante o la propia terraza para un snack más ligero dos buenas elecciones, o simplemente sus copas. Este local acoge presentaciones, desfiles, actuaciones u otras cosas variopintas como próxima concentración de vespas. A medida que avanza la noche el local se transforma para que puedas disfrutar de la música de los d-js y un autentico ambiente de pub. Sin duda, un must.

Enlaces de interés
http://www.peniscola.es/

jueves, 18 de junio de 2009

Santuario de la Virgen de Balma. Zorita


HOSPEDERÍA DEL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE BALMA. ZORITA.


A escasos veinte kilómetros de Morella, apartados del movimiento turístico que envuelve a la capital de Els Ports, encontramos esta pequeña localidad conocida por su Santuario que aparece enclavado en la ladera de la montaña, aprovechando como pared interior y techo la propia roca.
Desde la lejanía ya sorprende la torre del campanario empotrada en la misma roca, y al acercarnos, podemos distinguir lo que es el santuario, de la gruta que nos conduce a él y la hospedería que actúa de acceso y recepción al recinto.Actualmente se está restaurando la parte de la hospedería, de estilo renacentista construida entre los siglos XVI y XVIII, y que en breve se inaugurará. El proyecto de rehabilitación lo firman los arquitectos Miguel del Rey y Carlos Campos. La intervención consiste en una adaptación de las antiguas dependencias para los usos de restaurante y hotel, además de la adecuación de los pasos que conducen hasta la gruta que lleva al Santuario. Tras la hospedería, se accede a la amplia gruta que bordea el precipicio y condice a la entrada a la ermita.
El proyecto respeta los volúmenes existentes y juega con la presencia de la roca, su textura y frescura, en todas las estancias en donde aparece, aprovechándola como pared, suelo o como techo. Se trata de una intervención muy gratificante, porque el lugar ya te aporta la mayoría de ventajas del proyecto. Lo magnífico es como con la actuación se potencian estos condicionantes y se adaptan a las nuevas necesidades de la sociedad actual.

RESTAURANTE CARLOS VII. MORELLA.

Un plato típico de la zona del maestrazgo es la carne a la piedra. En el restaurante Carlos VII, podréis disfrutar de una agradable comida en un entorno completamente natural. Su sala, una antigua iglesia carlista en honor a Santa Bárbara, restaurada en 2007, permitirá a los comensales disfrutar de sus platos en un espacio atípico. En la iglesia se observan las cruces carlistas en homenaje a este pretendiente al trono de España, que se autonombró Carlos VII (1868-1909), el cuál entregó la dirección militar del carlismo a Ramón Cabrera, conocido como el Tigre del Maestrazgo, aunque sólo por unos meses por discrepancias entre ambos. Parece ser, que en estas tierras aún existen nostálgicos, y tal vez esas paredes escondan tras de sí inagotables historias esperando a ser contadas.
Respecto al tema gastronómico, es totalmente aconsejable el menú que aparece en la carta, donde por veinte euros podrás disfrutar de ensalada, primer y segundo plato, bebida, postre, café y algún licor. De plato principal, a elegir entre carne a la brasa, o a la piedra. Si la eliges a la piedra, tú mismo podrás controlar el punto al que la quieres, ya que te la servirán en la mesa sobre un plato de barro cocido caliente que es donde se va cocinando.
Junto a la iglesia (restaurante) se encuentra la masía que actualmente también está acondicionada como hotel.
Restaurante Carlos VII y Hotel Masía Torreta Colomer. Ctra. N-232 Vinaròs-Morella km. 56, Morella (Castellón)
tel. 964 763 485
www.torretacolomer.com